Playa de Castelldefels

La Canasta, sus comienzos

Cuando Miguel Yepes se instaló en Castelldefels en pocos minutos lo supo todo el pueblo. Eran pocos, tal vez y con suerte llegaban a los doce mil, incluidos los niños y los ancianos que de inauguraciones y recién venidos ni se enteraban.

La playa, inmensa, tenía apenas unas cuantas barcazas. Era la época de los campings y de las rulots se veían salir los cuerpos enrojecidos de alemanes y holandeses.

La Canasta comienza a latir en el cuerpo de un local en ruinas que hizo una metamorfosis sorprendente en poco tiempo. Se convirtió en una casa blanca, muy blanca, con redes de pescadores colgadas de las paredes, lámparas con ojos de buey de mimbre. Algo así como Ibiza en Castelldefels. Blanco, coqueto, bonito.

Canastitas las bases donde se servían los pescados, canastitas las lámparas, la base de las paellas y el caldero de arroz, de allí vino el nombre, no había que rizar más el rizo.

De ese antiguo local sólo queda la toba catalana, tan artesanal como la magnífica cocina, fiel a los sabores esenciales. Natural y si no fuese un acto de soberbia, diríamos que perfecta. Sin exagerar, basta probar un solo bocado de arroz, para sentir una experiencia única.

El restaurante nacido en buena cuna en 1976 recién se consolida a partir del ’85 cuando se
afianza Castelldefels como ciudad turística. La Canasta es un referente turístico del cual dan cuenta las guías internacionales, Michelín, y los miles de turistas que vienen a visitarla desde los lugares más lejanos del planeta. La historia sigue, los cambios continúan, y de los relatos de antiguos pescadores sólo queda algún nostálgico vecino, de los que saben y dicen.

En esa época Castelldefels era una ciudad extendida con unas zonas residenciales, un centro pequeñito, la fábrica de amianto y uralita, La Rocalla, y el mar coronado por algunos chalets.

El frontal de la playa tenía chiringuitos, y los campings estaban a la orden del día. Los más fieles enamorados del lugar hicieron su segunda residencia. Desde entonces, estos clientes
continúan celebrando sus aniversarios, sus titulaciones, sus nietos y las bodas de sus nietos en La Canasta. Para Miguel, son su activo más precioso.

www.cocoand.com